En distintos días nos plantamos en parkings de centros comerciales (donde más se repite este problema) y en calles principales de Barcelona, esas donde aparcar es misión imposible. Vestidos como personal profesional y con la insignia de Zona F, íbamos dejando nuestra “multa” en los parabrisas de los coches mal aparcados en plazas PMR.
Esperábamos a que alguien llegara, grabábamos su reacción y nos acercábamos a hablar. No lo hacíamos solos: como autoescuela que permite sacarse el carnet adaptado, nos acompañaban personas que habían vivido esta situación en primera persona. Eran ellas quienes ponían voz a la campaña, explicando qué supone realmente que alguien ocupe “su” plaza.
